Por qué la mayoría de entrenadores de escalada nunca fueron formados como entrenadores
En escalada es muy fácil pasar de "escalador con experiencia" a "entrenador" sin ningún paso intermedio. Alguien lleva años escalando, mejora mucho su propio nivel… y de ahí a entrenar a otros hay un salto que casi nadie cuestiona. El problema: haber mejorado tu propio rendimiento y saber diseñar el de otra persona son dos habilidades distintas. Y solo la segunda se enseña en una formación reglada.
Escalar bien no es lo mismo que saber prescribir
Un escalador de nivel alto sabe, por experiencia propia, qué le funcionó a él. Lo que no tiene garantizado es saber por qué le funcionó, si eso es generalizable a otra persona con un cuerpo, una lesión previa o un contexto distinto, ni cómo progresar una carga de forma segura para alguien que no es él mismo. Esa capacidad de traducir un caso individual en un criterio aplicable a otros es exactamente lo que forma un itinerario oficial de técnico deportivo (TD1, TD2, TD3). No la experiencia personal en la roca, por mucha que sea.
Qué implica formar a otros entrenadores
Como formador y coordinador de las especialidades de escalada y montaña en escuelas oficiales, mi trabajo no es enseñar a escalar mejor: es enseñar a otros técnicos deportivos a cribar antes de prescribir, a progresar la carga con criterios objetivos (no por sensación) y a distinguir cuándo un caso necesita algo distinto de la receta genérica. Es el mismo criterio que aplico entrenando escaladores directamente, llevado un nivel más arriba: no solo aplicar el método, sino poder enseñarlo y defenderlo ante otros profesionales.
En la práctica, eso significa cosas muy concretas: antes de diseñar el siguiente bloque de un deportista releo su historial completo, no solo la última sesión — qué huecos quedaron sin resolver la vez anterior, qué dijo de verdad en el seguimiento (no solo lo que registró), qué eventos reales (un viaje, un examen, una mala racha) van a interrumpir el plan. Un mesociclo que no tiene en cuenta la vida real del deportista no es individualizado, por mucho que lleve su nombre escrito arriba.
Qué mirar si buscas un entrenador (o quieres serlo)
- Titulación oficial reglada (TD1/TD2/TD3 u homóloga), no solo currículum deportivo propio.
- Capacidad de diagnóstico — si lo primero es un test o un cribado, o directamente una plantilla de entrenamiento genérica.
- Criterios explícitos de progresión — si puede explicarte por qué subes de fase, no solo "cuando te sientas mejor".
Ninguno de estos tres puntos tiene que ver con el grado que escala el propio entrenador… y sin embargo, el grado es lo primero que la mayoría mira.
Una profesión que se sostiene por vocación
Este es un sector con una precariedad real. Ganarse la vida solo entrenando o guiando es difícil, y he visto a muy buenos profesionales, con vocación docente, tener que buscarse otra cosa por el camino. Mientras tanto, el escaparate lo ocupa quien vive de dar consejos en redes sin haber pisado un aula de formación reglada. No es el problema que este artículo intenta resolver… pero sí explica por qué cuesta tanto encontrar un técnico que lleve años haciendo esto en serio.
Lo que me sostiene a mí en esto, más de 20 años después, no es solo la escalada. Es ver cómo alguien que empezó de cero termina formando a otros. Es compartir cordada y aula con colegas a los que respeto. En este oficio, el sacrificio se nota en las horas, no en el sueldo… pero formar a un entrenador que hará las cosas bien, con rigor, durante los próximos 20 años, me parece de las cosas más bonitas que puedo hacer con mi tiempo.
¿Tu entrenamiento tiene un criterio detrás… o una plantilla?
Empiezo por donde empieza un técnico: con un test, no con una receta. Escríbeme TEST y analizamos tu caso.
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